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Comienza el Adviento. Es un tiempo litúrgico que nos invita a recordar el nacimiento del Señor Jesús y a disponernos para su segunda venida.
El Evangelio de este Domingo nos dice: "...estén despiertos y orando en todo tiempo..."(Lc. 21, 36)
¿Despiertos y en oración, cuando hay tanto bullicio, tanta fiesta, tanto ruido?
¿Despiertos y en oración, cuando corremos el riesgo de preparar una navidad sin el que nació en ella?
¿Despiertos y en oración, cuando el mundo nos invita al consumismo?
Pues sí, ese es el reto de un cristiano, permanecer despierto y en oración, en medio del mundo.
¿Cómo hacerlo? Pues, con su ayuda.
Debemos recurrir a él para darle el espacio en nuestras vidas y en nuestro corazón. Sí, el mismo espacio que le negaron, aquella fría noche en la posada de Belén.
Acogerlo nosotros tal como lo recibió su Madre, esa misma noche y el resto de su vida.
Permanecer despiertos y en oración porque el Señor volverá con gran poder y gloria.
No debemos permitir que los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida nos entorpezcan la mente, como lo dijo Jesucristo. (Lc 21, 34-36)
Antes bien, debemos estar alertas y orando para encontrarnos con el Hijo del Hombre y presentarnos, ante él, seguros y con total confianza.
¿Acaso ese no es el sueño y la meta de todo cristiano?
¡Que Dios nos ayude a esforzarnos por alcanzarla y para llegar a ella!
¡Feliz Adviento!
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