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jueves, 10 de noviembre de 2011

EL CLAVO ARDIENDO




Un hombre venía por un camino, solitario y sin amigos. Parecía vagar sin rumbo y sin un plan preestablecido. Anduvo por horas y sin destino.

De pronto todo se oscureció de improviso, el ambiente se volvió frío, y una espesa neblina envolvió la mañana.

La brisa era fría, él tenía poco abrigo. Se preocupó pues no podía ver el camino. ¿Cómo hacer para no extraviarse? ¿Cómo no perder la ruta? ¿Cómo mantener el sentido?

Sucedió que, en una curva del camino, al no ver bien y no lograr ubicar el sendero, se salió de su ruta  y encontrándose en un precipicio, cayó por la cuesta rocosa, en un rodar que parecía definitivo.

Sin embargo, por instinto, cuando caía, logró con la mano asir un clavo  que de la roca salía.

Era un “clavo ardiendo”, en verdad y del cual fuertemente se sujetaba para no rodar.

Ni siquiera él supo cuánto tiempo estuvo en aquel lugar, sólo supo que su mano le dolía, que empezó a sangrar y que sus tejidos poco a poco se empezaron a rasgar.

En ese momento preciso, la niebla se comenzó a disipar y pudo ver con asombro que no era tan alta la cuesta y que se podía lanzar, sin recibir mayor daño al final.

Moraleja:

En momentos de prueba, oscuridad o tempestad, nos sentimos solos, sin rumbo, extraviados; hasta podemos llegar a salirnos de la ruta.

Podemos incluso caer y tener miedo.

Pero es en esos momentos dónde la fe es realmente importante y se parece a ese clavo ardiendo del cual nos asimos para no terminar de caer.

¿No has tenido la experiencia de aferrarte a Dios en un momento de necesidad, y salir airoso de eso?

¿No te ha pasado que creías que el problema era más grave y al pasar la prueba ves que no era tan fuerte?

¿Por el contrario, realmente pasas por un gran problema,  con la ayuda de Dios sales adelante, no sientes entonces que te haces más fuerte?

¿Acaso no es esto un gran beneficio de Dios?

¿Te sientes agradecido de Dios por la ayuda que a diario te
brinda?

Responde las preguntas.

Si quieres compartir algo en los comentarios, puedes hacerlo.


jueves, 27 de octubre de 2011

LOS ÁRBOLES



A la orilla de un camino se encontraban dos árboles; el primero, un jabillo, frondoso y de gran sombra, pero de tronco espinoso y sin fruto alguno.


El segundo, un mango, también frondoso; pero con frutos grandes, rojos, apetitosos, jugosos y muy estimados por todos.

Al medio día se acercaron unos niños que regresaban de la escuela, alegres, juguetones; pero sudorosos, cansados y hambrientos.

El grupo  se colocó a la sombra de ambos árboles, sintiendo el frescor, felices por la brisa y el trinar de los pájaros.

Vieron hacia lo alto y descubrieron los mangos suculentos; se armó la algarabía entre los pequeños, buscaron a su alrededor piedras y palos con el fin de tumbarlos  y, una vez en el suelo, se los disputaron entre ellos.

Siempre había alguno más astuto que otro y, por supuesto, obtenía mayor cantidad de frutos.

Tan pronto como  saciaron su apetito voraz, abandonaron el lugar, satisfechos; no sin antes llevar unos cuantos frutos hasta su casa.

Moraleja:

De los dos árboles que había a la orilla del camino, ¿Cuál de ellos recibió los golpes y las pedradas?

Evidentemente que aquel que daba frutos.

Así sucede en la vida, sólo si das frutos, te arrojan piedras.

En el Reino de los Cielos sucede que, Jesús nos pide que demos frutos en abundancia. Así lo puedes ver en esta cita bíblica Mt. 13,18-23.

Y por supuesto que esto te trerá conflictos y contradicciones.

¡Alégrate, si eres atacad@ por causa del Reino de los Cielos, pues vas a recibir un gran premio, una gran recompensa! Cómpruébalo leyendo esta cita Mt. 5,11-12. 

Recuerda siempre lo siguiente: las promesas de Dios son verdaderas, son eternas, serán cumplidas. Si Él nos promete una recompensa, así será. Él no miente, Él es la verdad.



lunes, 10 de octubre de 2011

LA NUBE Y EL SOL

 
Sobre un poblado cualquiera, sucedió que estaba resplandeciendo, de manera ardiente, el sol; era ya la media tarde y, los jornaleros del lugar, así como los transeúntes, no cesaban de sudar.


Todos, a una voz, se empezaron a quejar: “si no fuera por este sol, que nos quema de verdad…”


Mientras esto acontecía, pasaba por el lugar, una gran nube oscura, que al sol comenzó a tapar; escuchaba los lamentos y, a los humanos quiso ayudar.


No contó aquella nube, con que el sol, no se iba a dejar; y calentaba  a la nube para hacerla quitar.


Más la nube se empeñaba en permanecer y tapar, para así a la gente, proteger  y cobijar.


El sol, aún más furioso, la calentó cada vez más.


Mientras abajo la gente se volvía a quejar: “Con esa nube parece que hasta se suda más, por lo menos con el sol había más claridad, en cambio con esa nube lo que hay es oscuridad, y el calor es sofocante, ya no aguantamos más…”


Ignoraban las personas, lo que quería la pobre nube y lo que tenía que soportar.


Sufriendo aquella nube, tanto por la agresión solar, como por las continuas quejas de los habitantes del lugar, se decidió a lograr la temperatura bajar y, condensando sus gotas hasta que no pudo más, se dejó caer en abundante lluvia, para su historia acabar.


Así fue la nube a morir, sin que nadie supiera la razón de su existir.


Moraleja:


Encuentra un , una razón, una vocación en tu vida. Mejor es vivir con un objetivo y una meta;  aunque nadie te entienda,  ni sepan  cuál es la razón de tu existencia.  


Por otra parte, una vez que encuentres esa razón de vida llévala a cabo, hasta las últimas consecuencias.