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domingo, 30 de junio de 2013

Libertad y Responsabilidad




Hoy fui a misa y en la segunda lectura, que era la Carta de San Pablo a los gálatas, se nos habla de nuestra  vocación a la libertad. Pero se nos advierte que no podemos usar nuestra libertad para fines egoístas o carnales. Sino que es una libertad en el amor.

Esta libertad, nos decía el Padre en la Homilía, debe ir de la mano con la responsabilidad.

Somos libres verdaderamente cuando podemos responder plenamente de nuestros actos.

Decía, además, que la libertad era igual a amor y a espíritu. Y que lo contrario a la libertad es la carne.

En el Evangelio según San Lucas, en su capítulo 9, nos explicaba el Sacerdote, las 4 características la persona libre: 

  • Respetar la libertad ajena. Jesús dio muestras de este respeto cuando los samaritanos no quisieron recibirlo a causa de que él bajaba a Jerusalén; los discípulos dieron muestras de intolerancia y Jesús los reprendió. 
  • Tener total disponibilidad. Como Jesús dijo "yo no tengo donde reclinar la cabeza", sin nidos, ni madrigueras donde obtener seguridad y resguardo. Enteramente disponible al soplo del Espíritu de Dios.
  • Tener Prioridades. El ser verdaderamente libre coloca en primer lugar a lo más importante. Jesús nos dice claramente: "Deja que los muertos entierren a sus muertos . Tu ve y anuncia el Reino de Dios" La prioridad es Dios y su Reino. ¿Lo comprendemos así?
  • Despedirse, cortar con el pasado, pasar la página. Quien esto hace es libre. Quien entiende que lo que pasado ya pasó. Que no se puede cambiar nada de la historia, ni volver al tiempo pasado, sea bueno o malo, es libre realmente. "El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios"
"Cristo nos ha liberado para que seamos libres" dice San Pablo en su Carta a los gálatas.

¿Actuamos con libertad y responsabilidad?
¿Vivimos según el espíritu o según la carne?
¿Somos tolerantes?
¿Estamos disponibles ante la llamada del Señor?
¿Tenemos a Dios como prioridad en nuestra vida?
¿Rompemos con el pasado para seguir adelante?

Si es así, alabamos al Señor por ello.
Si vemos que aún no disfrutamos de la libertad que Cristo alcanzó para nosotros, hablemos con Nuestro Señor y supliquémosle que, con la ayuda de su gracia, podamos disfrutar de esta libertad y actuar con entera responsabilidad, como nos corresponde como Hijos de Dios que somos.

"Quien busca encuentra y al que pide se le dará"

Por mi parte, agradezco a Dios por haberme iluminado en este día y aclarado muchas cosas, a través de su Santa Palabra y por medio del Padre Corona.

Dios los bendiga, todos y cada uno de los días de sus vidas.

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miércoles, 24 de octubre de 2012

Por la oración se alcanza la felicidad




¿Quieres obtener la felicidad? 
No dejes de leer este artículo, de Catholic .net, cuyo enlace está a continuación:

Por la Oración se alcanza la felicidad 

¡Que la bendición de Dios descienda sobre ti!

lunes, 1 de octubre de 2012

¿Qué es la Fe?





Estamos a vísperas del inicio del Año de la Fe. Y con esta ocasión, quisiera hablar de ¿qué es la fe?

Pues, no es otra cosa que la respuesta del ser humano a Dios, quien se revela como Creador y como Padre. Se nos revela, en la persona de Jesucristo, con todo su amor, su inmensa sabiduría, con todo su poder; pero, además con todas sus exigencias. Exigencias, que por demás solo buscan nuestra felicidad.

¿La fe cristiana es solamente “saber que existe Dios” o aceptar ciertas creencias por verdaderas? 

No, es mucho más, es necesario “mantenerse firmes” en Dios (Is. 7,9), confiar en Él, buscar la seguridad en Él, tener plena confianza en Dios.

¿La Fe es aceptación intelectual de las verdades de fe? 

Sí; pero no es suficiente.

Hace falta, aparte de la aceptación intelectual, la confianza y la obediencia (Salmo 116, 10)

Tenemos muchos ejemplos de fe; pero los que más destacan son Abraham (Heb. 11, 8) y María (Lc. 1, 38). Su confianza y obediencia nos interpelan. Abandonaron todo, se arriesgaron sin límites, se pusieron a andar por un camino, por una vía intransitada por nadie antes, sin saber a dónde iban.

¡Esa es la Fe que salva!

La Fe de quién se aferra a Dios, a pesar de que todo parece ir en contra, a pesar de que la razón dice lo contrario.

La Fe cristiana implica un proyecto de vida, te cambia la existencia, te cambia la forma de ver el mundo, te cambia las ideas, te identifica con Cristo y te hace, en Cristo, criatura nueva.

Te preguntarás,  ¿cómo llego hasta aquí?, ¿cómo puedo creer así?, ¿cómo es esto posible?

Quizás te hagas estas y muchas otras preguntas, quizás ya tengas experiencia de Fe, quizás estés pasando momentos de dudas de Fe, quizás estés firme en este momento, solo Dios conoce tu corazón.

Pero debo decirte que la Fe es Don de Dios y tarea del hombre.

domingo, 4 de marzo de 2012

¿El perdón nos da felicidad?




¿No te gustaría concederle el perdón a todos cuantos te han hecho daño, pasar la página, olvidarlo todo, y empezar una nueva vida?

En lo íntimo de nuestro ser reconocemos que los rencores, resentimientos, disputas, divisiones y todas esas cosas negativas nos roban la paz interior, nos restan salud y vida y nos apartan del camino a la felicidad que todos deseamos.

Pues bien, si la felicidad es lo que tanto anhelamos, ¿por qué nos cuesta tanto perdonar?

Realmente es difícil, puedo decir, y aquí me incluyo, frases como el perdón te de la paz, te lleva a la felicidad, te devuelve la salud, hace que el mundo mejore; pero si dentro de nosostros, no estamos convencidos, son sólo frases bonitas.

Necesitamos aceptarlas en nuestra conciencia, inscribirlas en nuestro corazón y comenzar a perdonar.

Dirás: ¡No puedo perdonar!, Dios dice: ¡Si te lo pido, es porque puedes!

Dirás: ¡Perdono, pero no olvido!, Dios dice: ¡No has perdonado! ¡Si no olvidas, estás anclado en el pasado, en un momento que ya no existe!

Dirás: ¡Es que me hicieron sufrir!, Dios dice: ¡ Sufrirás mucho más, si permaneces encadenado a ese dolor!

Dirás: ¡No quiero perdonar!, Dios dice: ¡Si es así, guardaré silencio, si no quieres, no te puedo obligar; sin tu consentimiento, no te puedo salvar, te di libertad! ¡Pero te amo!

Dirás: ¿Ya no hay remedio para mí?, Dios responde: ¡Yo soy tu salud y tu salvación!

Dirás: ¿Cómo hago para  perdonar?, Dios responde: ¡Pídeme la gracia para hacerlo, ora por los que te hicieron daño, convéncete que aquello ya no existe y no puede hacerte más daño, si no lo permites. Pasa la página, aférrate a mi amor y comienza a vivir!

Sí, comenzar a vivir, a ser feliz, a librarnos del lastre del rencor y del resentimiento. Dios nos quiere libres de toda atadura.

Hay que recordar, también que Dios perdona, las personas perdonan, nosotros mismos nos perdonamos (aunque con dificultad); pero el cuerpo no perdona. Si vivimos con rencor, el cuerpo se resentirá y tendremos dolencias y enfermedades. No toda enfermedad viene de la ausencia de perdón; pero todo rencor causa enfermedad.

Si es necesario busca ayuda, para salirte de este círculo vicioso. Por lo pronto te presento el Taller en línea. Educar para el Perdón, de Catholic.net, que puede serte de gran ayuda.

¡Que Dios nos ayude para lograr perdonar, por nosotros mismos y por todos quienes nos rodean!

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miércoles, 14 de diciembre de 2011

¿Cómo convertir el éxito o el fracaso en felicidad?


  

El éxito y el fracaso son caras de la misma moneda. Son facetas de la vida que hay que enfrentar contínuamente.
Si queremos vivir a plenitud debemos transitar por ambas rutas.

Imposible tener sólo éxitos o sólo fracasos.

Entonces, ¿Cómo capitalizar estas experiencias para que sean fuentes de felicidad?

No hay otra forma sino asumiendo que forman parte de la vida, que todos debemos experimentarlas y que debemos aprender de ellas.

¿Aprender de ellas?

Sí, sacar experiencias positivas, de ellas; meditar sobre lo que nos aconteció en cada una.

¿Qué hacer cuando es una experiencia exitosa?

  • En primer lugar, nunca creernos muy superiores, en períodos de triunfos, la vida va y viene.
  • En medio de la alegría, saber agradecer a Dios.
  • No pensar que todo se debe sólo a nuestro esfuerzo, también Dios nos ha bendecido.
  • No creer que el éxito sólo consiste en ganar mucho dinero o tener mucho poder, podrías quedarte vacío, sólo Dios llena el vacío del hombre.

¿Cómo agradezco a Dios?

Habla con Él, tus palabras sinceras son la mejor oración.Si además quieres agregar algo más, te sugiero el Salmo 100, es un salmo de alabanza que nos invita a cantar a Dios con alegría, a ir a Él con júbilo, a reconocer que es Dios y que nos hizo, a darle gracias, a alabar y bendecir su nombre, sencillamente porque es bueno y su misericordia es eterna.

Quien vive en esa atmósfera de alabanza ya es feliz y exitoso, pues en la alabanza de su pueblo, habita Dios.

¿Qué hacer cuando llega el fracaso?

  • Cuando llega el fracaso, no encerrarse en el propio dolor; por el contrario, si es necesario buscar ayuda.
  • Aprender de la experia negativa.
  • Observar con detenimiento las causas de nuestro fracaso para poder observar nuestras debilidades; pero también nuestras fortalezas.
  • Ver cuantas oportunidades nuevas podemos sacar del supuesto fracaso.
  • No culpar a Dios de nuestros reveses.
Si mantenernos nuestra fe en Dios a pesar de los altibajos de la vida, podemos estar en felicidad. Si hacemos nuestra la máxima bíblica de que nada nos puede separar del amor de Dios (Rm. 8, 38), obtendremos la total felicidad. Te recomiendo que leas todo el Capítulo 8 de la Carta de San Pablo a los Romanos.

¿Cómo puede sentirse derrotado quién se sabe amado por Dios Todopoderoso?

¿Cómo puede sentirse infeliz, quién sabe que Dios permanece fiel a su amor por él?

"¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús Nuestro Señor!" (Rm. 8, 39)

martes, 22 de noviembre de 2011

Las dificultades y sufrimientos: ¿Nos pueden conducir a Dios?

 

A veces pensamos que los sufrimientos y dificultades nos alejan de Dios y por lo tanto de nuestra felicidad.

No pocas veces, la terrible pregunta de porqué un Dios tan bueno y misericordioso permitió esto o aquello, o aquella tal desgracia. Y las dudas en nuestro interior no faltan.


Tal vez en el momento del sufrimiento, no vemos la solución y hasta nos parezca que Dios se ha quedado sordo, dormido o indiferente ante nuestro dolor.

¿Acaso quiere que seamos infelices?



Por supuesto que no.

Entonces, ¿cómo se explica?

¿Cómo el sufrimiento y la dificultad nos pueden llevar a Dios?

Depende de nosotros mismos, de nuestra actitud, del grado de amor que sintamos hacia él. Depende, además, de la humildad con que aceptemos que los momentos difíciles también forman parte de la vida y que nadie puede sustraerse de ellos.

De hecho, hay sufrimientos que podemos evitar, problemas que podemos solucionar,  situaciones que podemos enfrentar airosamente.

En este caso, debemos poner todo nuestro empeño, inteligencia, voluntad y creatividad para salir adelante y buscar la solución.

Pero cuando se trata de sufrimientos inevitables, muerte, vejez, enfermedades incurables, situaciones que escapan a nuestro control, tal vez la mejor manera de enfrentarlos, para un creyente, es apoyándose en Dios.

Es por eso por lo que se puede afirmar que tales circunstancias dolorosas y desagradables nos pueden llevar a Dios. Si nos abandonamos en él, si nos refugiamos en la oración, los sacramentos, en la lectura de su Palabra.

Si, por el contrario, nos resistimos a aceptar la realidad de los hechos, si buscamos culpables, si incluso culpamos al mismo Dios, si queremos a toda costa encontrar razones de dichas dificultades, nos encontraremos, con el hecho de que sufriremos aún más.

Es por eso que si te encuentras en un momento de dolor, te invito a refugiarte en Dios.

Si has tenido una experiencia donde Dios te ha sacado del apuro o te ha dado la fuerza para resistirlo, te invito a compartirlo.

¿Qué otras formas conoces de permanecer junto a Dios en momentos de angustia?



jueves, 10 de noviembre de 2011

EL CLAVO ARDIENDO




Un hombre venía por un camino, solitario y sin amigos. Parecía vagar sin rumbo y sin un plan preestablecido. Anduvo por horas y sin destino.

De pronto todo se oscureció de improviso, el ambiente se volvió frío, y una espesa neblina envolvió la mañana.

La brisa era fría, él tenía poco abrigo. Se preocupó pues no podía ver el camino. ¿Cómo hacer para no extraviarse? ¿Cómo no perder la ruta? ¿Cómo mantener el sentido?

Sucedió que, en una curva del camino, al no ver bien y no lograr ubicar el sendero, se salió de su ruta  y encontrándose en un precipicio, cayó por la cuesta rocosa, en un rodar que parecía definitivo.

Sin embargo, por instinto, cuando caía, logró con la mano asir un clavo  que de la roca salía.

Era un “clavo ardiendo”, en verdad y del cual fuertemente se sujetaba para no rodar.

Ni siquiera él supo cuánto tiempo estuvo en aquel lugar, sólo supo que su mano le dolía, que empezó a sangrar y que sus tejidos poco a poco se empezaron a rasgar.

En ese momento preciso, la niebla se comenzó a disipar y pudo ver con asombro que no era tan alta la cuesta y que se podía lanzar, sin recibir mayor daño al final.

Moraleja:

En momentos de prueba, oscuridad o tempestad, nos sentimos solos, sin rumbo, extraviados; hasta podemos llegar a salirnos de la ruta.

Podemos incluso caer y tener miedo.

Pero es en esos momentos dónde la fe es realmente importante y se parece a ese clavo ardiendo del cual nos asimos para no terminar de caer.

¿No has tenido la experiencia de aferrarte a Dios en un momento de necesidad, y salir airoso de eso?

¿No te ha pasado que creías que el problema era más grave y al pasar la prueba ves que no era tan fuerte?

¿Por el contrario, realmente pasas por un gran problema,  con la ayuda de Dios sales adelante, no sientes entonces que te haces más fuerte?

¿Acaso no es esto un gran beneficio de Dios?

¿Te sientes agradecido de Dios por la ayuda que a diario te
brinda?

Responde las preguntas.

Si quieres compartir algo en los comentarios, puedes hacerlo.


martes, 1 de noviembre de 2011

¿Cómo ser santo?

Hoy celebramos en la Iglesia la solemnidad de todos los Santos. ¿A quién celebramos en realidad? A Dios mismo, a su gracia y a su misericordia infinita.

¿Cómo es esto?
Celebramos a Dios pues sin él, y su gracia nadie puede salvarse de sus pecados, ni mucho menos llegar a la santidad.

Celebramos su misericordia infinita porque sin ella, los seres humanos no tendríamos derecho a la redención, despojémonos de máscaras: todos hemos pecado, todos merecemos el justo castigo por nuestras faltas.

Pero gracias al amor misericordioso de Dios, gracias a la sangre derramada por Cristo en la cruz, por su Muerte y Resurrección, no sólo nos hemos salvado, sino que podemos llegar a las más altas cumbres de la Santidad.

¿Cómo  puede ser esto posible?

Sin duda, no podemos solos, necesitamos de Cristo Jesús, sin él no podemos nada. Pero si nos empeñamos en permanecer junto a él, seremos santos.

El Papa Benedicto XVI nos ha dicho que hay tres condiciones para lograrlo:

  • Ir a Misa, no dejar nunca de ir al encuentro con Jesús en la  Eucaristía.
  • Orar a diario, el contacto con Dios es fundamental, es él quien hace la obra de santidad.
  • Amar, es la señal distintiva del Cristiano: Amar a  Dios y amar al prójimo.
Cuando vemos la vida de los santos observamos que es posible llegar a ese ideal de vida, que conduce a la felicidad.

Porque santo es aquel que es feliz, puesto que ha encontrado a su redentor y ha conformado su vida a él.

Y Jesús llama felices a los que la sociedad da como fracasados:

  • Los pobres de espíritu.
  • Los que lloran.
  • Los mansos.
  • Los que tienen hambre y sed de justicia.
  • Los Misericordiosos.
  • Los limpios de corazón.
  • Los que trabajan por la paz.
  • Los perseguidos por causa de la justicia.
Todos ellos al final son los verdaderamente felices pues Dios mismo los consolará, les dará la tierra, saciará a los que tengan hambre y sed de justicia, les hará misericordia, será su padre y se dejará ver por ellos.

Dichosos los que se encuentren entre estos bienaventurados, santos y felices.

Celebramos hoy que gracias al amor de Dios TODOS podemos ser Santos.

¡Anímate, tú también estas llamado a la santidad! Desde tu vida normal, desde tus quehaceres diarios.

"Ama y haz lo que quieras" San Agustín.

lunes, 24 de octubre de 2011

Vivir en el amor

"Nos hiciste Señor para tí, y nuestro corazón, estará inquieto hasta que descanse en tí"
                          San Agustín.

Fuimos hechos por Dios y para Dios y hasta que no descansemos en Él, no alcanzaremos la perfecta quietud y la paz. Con esta frase San Agustín nos traza la razón  de nuestra vida. Así como también una meta añorada: la verdadera felicidad.

Pero alguno de mis lectores se preguntará: ¿Quién es Dios?, le respondo, junto con el Apóstol Juan, "Dios es Amor" (1Jn. 4,8).

A lo anterior puede surgir otra pregunta: ¿Cómo vivo en Dios?, ¿Cómo vivo en el amor?. La respuesta a estas interrogantes es la siguiente, no puedes hacerlo sólo, necesitas ayuda. ¿De quién? Pues de Cristo Jesús. De Dios mismo, sin él no podemos hacer nada.

Pero también, no es menos cierto que no te pide nada mas allá de tus fuerzas. Si te pide que vivas en el amor es porque lo puedes hacer. Y es porque es fundamental para tu salvación y para tu felicidad.

Vivir en el amor, no es una tarea fácil, es un caminar cuesta arriba, es un trabajo de toda la vida, para lo cual necesitamos, como ya te dije la gracia de Dios.

Revisándonos podemos encontrar en nosotros varios niveles de amor; y no sólo encontrar en que nivel estamos, sino también saber hasta dónde nos falta subir, hasta dónde tenemos que llegar.

Son los siguientes:

  • No hacer daño a nadie: quien procura no hacer daño ya está amando al prójimo, quien no maquina el mal, ya ha dado un paso importante. Si el mal no es buscado por tí de forma intencional, es señal de que estás en el amor.

  • Hacer el bien: Es un nivel más elevado de amor. No sólo no hace el mal, sino procura hacerle el bien. ¿Cuál bien? De eso se trata, de interesarse por el otro, de saber qué necesita, en que puedo ayudarlo, salirse de sí mismo y acercarse al otro.

  • Amar al prójimo como a sí mismo: Esta última frase es fundamental, la medida del amor al prójimo es el amor que uno tiene hacia sí mismo. Tratar a los demás  como uno qusiera que lo trataran. Además de esto, primero debe amarse uno mismo para poder amar a los demás. ¿Cómo logro amarme? Sencillamente volviendo a los dos primeros niveles de amor y aplicándoselos  a sí mismo: no hacerse mal y hacerse el bien. Así, cuando cumpla estas dos condiciones para con su propia persona, podrá amar  a los otros como a sí mismo.

  • Amar al prójimo como Cristo nos ha amado: el nivel más alto del amor. Nadie nos ha amado más que Cristo Jesús, quien llegó a entregar su vida, por todos, para nuestra salvación y sin mérito alguno de nuestra parte. Y, sin embargo, él mismo nos pidió ya antes de padecer por nosotros, que hicieramos lo mismo por nuestros semejantes; repito, no nos lo hubiera pedido si no fueramos capaces de hacerlo.

¿Están de acuerdo conmigo de que no es fácil? Pero tampoco es imposible.

Por otra parte es fundamental  y trascendental para nuestra salvación.

Sólo cuando vivamos en el verdadero amor seremos felices.

Para finalizar les dejo esta frase de San Juan de la Cruz:

"Donde no hay amor, pon amor y encontrarás amor"

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domingo, 16 de octubre de 2011

Testimonios de vida

El pasado 15 de octubre de 2011, fue publicado el libro digital Una Carta a..., fruto del concurso con el mismo nombre, que llevara a cabo la página 40ymas, dedicada a mujeres que disfrutan de la vida después de los cuarenta años

Realmente se trata de una colección de 16 testimonios dignos de ser leídos y disfrutados por todos; cada una presenta una faceta de su vida y de sus sentimientos más íntimos.

Comparto esta información con ustedes que tal vez pensarán que mucho de lo que se ha dicho sobre el sentido de la vida y la felicidad, no tienen cabida en este mundo frío y materialista.

En este  libro encontrarán mujeres que conocieron o conocen personas que las ayudaron a hallar ese sentido, ese amor, esa felicidad.

Mujeres que han encontrado y pueden decir, después de sus cuarenta años, que la vida es bella, gracias a hermosos testimonios de amor.

Los invito, amables lectores, a que hagan ustedes también este ejercicio de agradecimiento:

Piensen en una o varias personas a las que tengan que agradecerles por haber transformado sus vidas en lo que son hoy.
Con autenticidad y sinceridad díganle todo lo que quisieran expresar.
Verán que gratificante es hacer lo que les propongo.

¿Cómo lo sé?

Porque yo soy una de las personas que concursaron  y, sé por experiencia lo agradable que fue el escribir estas cortas; pero sentidas líneas a mi padre. Expresar nuestros sentimientos es alimento para el espíritu, es otra manera de encontrar sentido a la vida, es otra forma de felicidad.

Hoy me siento agradecida de Dios y la vida, por ser parte de ese libro de testimonios, muchos de los cuales me llenaron de asombro, nublaron mis ojos con lágrimas y colocaron un nudo en mi garganta. Otros me hicieron reir de gozo.

La vida es un regalo de Dios que merece ser vivida a plenitud. No hay duda, todavía quedamos muchos que creemos en el amor y el amor es la fuerza que mueve al mundo.

¿Dificultades? Si. ¿Problemas? También. Pero mientras haya amor y un ideal por que luchar es posible la felicidad.

Gracias a Blanca por tener la iniciativa del concurso y por haberme elegido. Gracias a mis compañeras en el libro y gracias a todos los que leyeron y leerán este libro.

Dios los bendiga a todos.

jueves, 13 de octubre de 2011

¿Es posible hallar la felicidad?

 ¡La felicidad! ¿Quién no la anhela?
Una de las características del ser humano es la búsqueda de la felicidad.


No hay persona en este mundo, no la habido, ni la habrá, que no desee alcanzarla; pero, ¿es fácil hallarla?


La respuesta a esta última pregunta depende de la propia experiencia.


Hay quienes dirán que es fácil. La mayoría quizás piense que no es tan simple; pues supone una lucha, un trabajo. Algunos, después de incontables y frustrados esfuerzos, afirmarán que no existe.


La mayoría de las personas ven solamente la parte difícil de la vida, los problemas, obstáculos y tropiezos. Viéndola así, hace pensar que realmente no existe la felicidad.


Pero la vida está hecha de momentos agradables y desagradables, de éxitos y fracasos, de luces y sombras; es, en definitiva, un hermoso mosaico de variados instantes y experiencias que definen la propia existencia.


Cabe aquí destacar lo que aparententemente es felicidad y realmente no es tal cosa, la pregunta a continuación sería:


¿Qué no es felicidad?
  • La ausencia total de problemas.
  • Tener siempre el control de la situación.
  • Que todo resulte  siempre como se desea.
  • La ausencia de toda enfermedad o sufrimiento.
  • La abundancia económica.
Si fuera así, nadie podría ser feliz; porque todos pasamos momentos de dolor, no siempre controlamos los acontecimientos de nuestras vidas  y siempre tenemos algún problema.


Tampoco la verdadera felicidad está en el alcohol, las drogas, el exceso de trabajo o de ocio; esos son simples escapes, huídas de la realidad; que no dan satisfacción plena.


¿Qué es la felicidad?


Si a pesar de los contratiempos de la vida, nos levantamos con ánimo, disfrutando lo que tenemos, dispuestos a luchar, pensando que vale la pena vivir y seguir combatiendo; entonces somos felices. El mismo Cristo llamó felices a los pobres, a los que sufren, a los humildes, a los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los de corazón limpios, los luchadores  por la paz y a los perseguidos por causa del reino de Dios. (cf. Mt. 5. 3-11)


¿Dónde encontrarla?
Se encuentra en:
  • Alcanzar una meta: el alcanzar un objetivo en la vida nos proporciona disfrute. Pero el hallar el sentido de la vida, es lo que nos da la felicidad verdadera.
  • El amor a las personas.
  • El enfrentarse a todo sufrimiento inevitable.
  • Alcanzar un ideal de vida.
La búsqueda de la felicidad, como pueden ver, está en la esencia misma de la vida  y todos estamos en ese esfuerzo por encontrarla.


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