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El éxito y el fracaso son caras de la misma moneda. Son facetas de la vida que hay que enfrentar contínuamente.
Si queremos vivir a plenitud debemos transitar por ambas rutas.
Imposible tener sólo éxitos o sólo fracasos.
Entonces, ¿Cómo capitalizar estas experiencias para que sean fuentes de felicidad?
No hay otra forma sino asumiendo que forman parte de la vida, que todos debemos experimentarlas y que debemos aprender de ellas.
¿Aprender de ellas?
Sí, sacar experiencias positivas, de ellas; meditar sobre lo que nos aconteció en cada una.
¿Qué hacer cuando es una experiencia exitosa?
- En primer lugar, nunca creernos muy superiores, en períodos de triunfos, la vida va y viene.
- En medio de la alegría, saber agradecer a Dios.
- No pensar que todo se debe sólo a nuestro esfuerzo, también Dios nos ha bendecido.
- No creer que el éxito sólo consiste en ganar mucho dinero o tener mucho poder, podrías quedarte vacío, sólo Dios llena el vacío del hombre.
¿Cómo agradezco a Dios?
Habla con Él, tus palabras sinceras son la mejor oración.Si además quieres agregar algo más, te sugiero el Salmo 100, es un salmo de alabanza que nos invita a cantar a Dios con alegría, a ir a Él con júbilo, a reconocer que es Dios y que nos hizo, a darle gracias, a alabar y bendecir su nombre, sencillamente porque es bueno y su misericordia es eterna.
Quien vive en esa atmósfera de alabanza ya es feliz y exitoso, pues en la alabanza de su pueblo, habita Dios.
¿Qué hacer cuando llega el fracaso?
- Cuando llega el fracaso, no encerrarse en el propio dolor; por el contrario, si es necesario buscar ayuda.
- Aprender de la experia negativa.
- Observar con detenimiento las causas de nuestro fracaso para poder observar nuestras debilidades; pero también nuestras fortalezas.
- Ver cuantas oportunidades nuevas podemos sacar del supuesto fracaso.
- No culpar a Dios de nuestros reveses.
¿Cómo puede sentirse derrotado quién se sabe amado por Dios Todopoderoso?
¿Cómo puede sentirse infeliz, quién sabe que Dios permanece fiel a su amor por él?
"¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús Nuestro Señor!" (Rm. 8, 39)
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